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Requisito previo para que todo ser sintiente alcance la liberación

Solo cuando la mujer brahmín llegó al reino infernal se dio cuenta de que no solo su madre en esta vida era su propia madre, sino que todo ser que sufría en el infierno también había sido su madre en incontables vidas pasadas y eones.

Solo cuando la mujer brahmín llegó al reino infernal se dio cuenta de que no solo su madre en esta vida era su propia madre, sino que todo ser que sufría en el infierno también había sido su madre en incontables vidas pasadas y eones.

Su compasión universal, nacida al reconocer que todos los seres comparten con ella la misma naturaleza fundamental, surgió en ese mismo momento. Sabía que cada ser que padecía en el infierno moraba en su propio corazón, compartiendo con ella su bien y su mal, y que su sufrimiento y su alegría estaban indisolublemente unidos a los de ella. Así que formuló este voto: «Por todos los eones venideros, emplearé todos los medios hábiles posibles para liberar a todos los seres que sufren en el infierno de los tormentos de ese reino, ya sean mis seres queridos o adversarios kármicos y acreedores de vidas pasadas, sin distinción alguna».

Así, la piedad filial de la mujer brahmín hacia su madre en esta vida se expandió para abarcar a todos los seres sintientes. Al reconocer que todos los seres sufrientes eran sus propios padres, este pequeño acto de piedad filial, surgido de un sentimiento personal, se transformó en uno grande y universal. Por eso el budismo venera la piedad filial como el camino supremo: llegar a perfeccionar esta virtud en su grado más pleno y completo es realizar el estado mismo de la Budeidad. Fue entonces cuando la mujer brahmín experimentó una comprensión profunda y transformadora.

Además, su madre cayó al infierno no por haber cometido actos verdaderamente malvados, sino únicamente a causa de sus visiones erróneas: no creía en la Triple Gema y calumniaba al Buda, al Dharma y a la Sangha, y eso bastó para condenarla al reino infernal.

Podemos usar este criterio para evaluar a los seres sintientes de hoy en día: ¿cuántos sostienen visiones delusas y una comprensión equivocada, negándose a creer en el ciclo de renacimientos, en el karma y sus frutos, o en la existencia de Budas y Bodhisattvas? Todas estas no son más que supersticiones. Algunos incluso albergan estos pensamientos en su interior, los expresan en voz alta y los plasman por escrito. Si medimos sus visiones y su conducta según este criterio, su destino último se vuelve inmediatamente evidente.

Por eso, mantener la fe y la visión correctas, creer en la Triple Gema y tomar refugio en ella son los requisitos previos fundamentales para que todo ser sintiente alcance la liberación.