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Profesor Lin Chong'an: Teoría y práctica de la meditación zen — Lección 2: Principios y un método de práctica

Teoría y práctica de la meditación zen, Lección dos Principios y un método de práctica

Teoría y práctica de la meditación zen, Lección dos Principios y un método de práctica

(1) El Buda dijo en el Satipaṭṭhāna Sutta: Un monje actúa con conciencia clara al caminar y al volver; mira hacia adelante y hacia atrás con conciencia clara; dobla y estira el cuerpo con conciencia clara; se pone la túnica y lleva el cuenco con conciencia clara; come, bebe, mastica y saborea con conciencia clara; atiende sus necesidades corporales con conciencia clara; camina, permanece de pie, se sienta, se acuesta, despierta, habla y guarda silencio: en todo ello, actúa con conciencia clara.

(2) Un principio fundamental de la meditación es sostener la atención plena, la conciencia clara y la relajación. Cuando un practicante logra mantener estos tres elementos de forma constante a lo largo del tiempo, la mente se asienta en el gozo y la serenidad, y surge una quietud estable incluso en medio de la vida cotidiana.

(3) Empecemos por la meditación caminando, para luego pasar a la meditación sentada. Antes de comenzar, coloca una silla en un extremo del recorrido para usarla más adelante. Sitúate en ese mismo extremo y relaja primero el cuerpo: empieza por la coronilla y deja que tu conciencia descienda suavemente por todo el cuerpo, hasta la punta de los pies. Luego empieza a caminar a un paso lento y tranquilo, manteniendo una atención continua y estable sobre el movimiento de los pies. Si surgen pensamientos que te distraigan, simplemente regresa con suavidad a la sensación de los pies en movimiento, una y otra vez, para que esa conciencia no se interrumpa. Después de al menos treinta minutos, puedes pasar a la meditación sentada. Siéntate en la silla con la mirada suave y los ojos entreabiertos, y deja que tu atención descienda lentamente desde la coronilla hasta la punta de los pies, soltando la tensión a medida que avanzas y percibiendo la naturaleza impermanente y carente de yo de todas las sensaciones. Tras un rato, levántate y vuelve a caminar en meditación, relajadamente. Repite este ciclo una y otra vez, con una práctica constante.

(4) Lleva contigo esta conciencia relajada y continua del movimiento del cuerpo cuando vuelvas a casa, salgas a pasear por la mañana o te ocupes de tus tareas cotidianas. Día tras día, devuelve con paciencia tu atención al movimiento de lo que sea que estés haciendo; y revisa de vez en cuando el «Formulario de autoevaluación de la conciencia» para orientar tu práctica y acompañar tu progreso. Con paciencia constante, el progreso no se hará esperar.