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No odies a las personas malvadas

Hay muchas personas en este mundo a las que consideramos malvadas, pero todas tienen un lado bondadoso. Es solo que nos muestran su lado cruel. ¿Qué deberíamos hacer con ellas? No debemos pagar mal con mal, ni responder a la violencia co...

Hay muchas personas en este mundo a las que consideramos malvadas, pero todas tienen un lado bondadoso. Es solo que nos muestran su lado cruel. ¿Qué deberíamos hacer con ellas? No debemos pagar mal con mal, ni responder a la violencia con más violencia.

El confucianismo nos ofrece orientación para este tipo de situaciones: por ejemplo, podemos mantener una distancia respetuosa con ellas. Incluso podemos llevar este pensamiento un poco más allá, como observó Confucio: «Cuando tres personas caminan juntas, siempre hay una que puede ser mi maestro».

Esas «tres personas» están compuestas por una persona buena, una malvada y tú mismo. La persona buena nos inspira a emular sus virtudes cuando la encontramos. La persona malvada, en cambio, actúa como un espejo que nos muestra los comportamientos que debemos evitar. ¡Así que hasta las personas malvadas pueden servirnos como recurso para cultivar la bondad! A la luz de esto, no tenemos motivos para odiarlas.

De hecho, las personas malvadas a veces pueden jugar un papel útil en nuestro crecimiento. Es por eso que Buda Shakyamuni siempre tuvo a Devadatta como compañero. En el Sutra del Loto, Buda Shakyamuni reveló finalmente una profunda verdad: «Gracias a Devadatta, mi buen amigo espiritual, pude alcanzar rápidamente la Anuttarā Samyaksaṃbodhi, la iluminación perfecta y suprema».

El budismo enseña una profunda dialéctica: las personas necesitamos desafíos. Solo al enfrentarlos desplegamos el vasto potencial de nuestra vida; es en la adversidad donde más crecemos. ¡Igual que un cuchillo solo se afila con una piedra áspera, y el oro solo se purifica en el fuego ardiente!

Cuando nos encontramos en medio de la adversidad, rodeados de adversarios y de personas malvadas, saber responder adecuadamente a ellos nos ayuda a crecer aún más rápido. Por lo tanto, no solo no debemos odiarlos, sino que incluso deberíamos estar agradecidos por ellos: agradecidos de nuestros rivales, agradecidos de las personas malvadas. Al menos nos brindan la oportunidad de practicar la Kṣānti Pāramitā, la Perfección de la Paciencia.