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Meditación Zen | Un solo pensamiento vuelve la luz hacia dentro para revelar la naturaleza original

«Dice usted que el despertar súbito y el cultivo gradual son los dos caminos, la vía de todos los sabios. Si el despertar es súbito, ¿por qué preocuparse del cultivo gradual? Si el cultivo es gradual, ¿por qué hablar de despertar súbito?...

Pregunta: «Dice usted que el despertar súbito y el cultivo gradual son los dos caminos, la vía de todos los sabios. Si el despertar es súbito, ¿por qué preocuparse del cultivo gradual? Si el cultivo es gradual, ¿por qué hablar de despertar súbito? Por favor, explique más a fondo estos dos significados, para que no quede ninguna duda.»

Respuesta: «El despertar súbito es esto: cuando una persona ordinaria está sumida en la ignorancia, toma los cuatro grandes elementos como su cuerpo y los pensamientos ilusorios como su mente. No sabe que su propia naturaleza es el verdadero cuerpo del Dharma, ni que su propia conciencia luminosa es el verdadero Buda. Buscando al Buda fuera de la mente, corre como olas que persiguen a otras olas. De repente, un buen amigo espiritual le señala el camino; en un solo pensamiento la luz se vuelve hacia dentro, y uno ve su propia naturaleza original. Este fundamento de la naturaleza nunca ha tenido aflicción alguna; su naturaleza cognoscitiva e incontaminada es completa en sí misma desde el principio, sin diferir ni un ápice de todos los Budas. Por esto se llama despertar súbito. En cuanto al cultivo gradual: una vez que has despertado súbitamente a tu naturaleza, no eres distinto del Buda. Pero los hábitos acumulados desde tiempos sin principio no pueden borrarse de un solo golpe. Por ello, cultivando de acuerdo con este despertar, el trabajo se cumple gradualmente mediante un refinamiento paciente; uno nutre el embrión sagrado y, tras largo tiempo, se convierte en sabio. Por esto se llama cultivo gradual. Es como un recién nacido: el día en que nace, todas sus facultades están completas, igual que cualquier otra persona. Sin embargo, su fuerza aún no es plena; hacen falta muchos años antes de que por fin se convierta en adulto.»

Pregunta: «¿Qué método permite girarse en un solo instante y despertar a la propia naturaleza?»

Respuesta: «No es más que tu propia mente, ¿qué otro método podría haber? Si te inventas un método y te afanas aún más por comprender, es como alguien que no puede ver sus propios ojos, supone que no los tiene, e intenta encontrar la manera de verlos. Pero si son sus propios ojos, ¿cómo podría verlos alguna vez desde fuera? Si simplemente sabes que no los has perdido, eso es ver tus propios ojos; no hay mente que busque verlos, ¿cómo podría haber pensamiento alguno de no ver? Tu propia conciencia luminosa es exactamente igual. Si es tu propia mente, ¿por qué buscar más para comprenderla? Si buscas comprenderla, jamás la alcanzarás. Simplemente sabe que no hay nada que comprender; eso es precisamente ver tu naturaleza.»

Pregunta: «Los de capacidad superior comprenden con facilidad al oírlo. Pero los de capacidad media e inferior no pueden evitar albergar dudas. Por favor, hable más de algún método que guíe a los extraviados hacia el camino.»

Respuesta: «La Vía no pertenece al saber ni al no saber. Deja a un lado la mente que, aún en la confusión, aguarda la iluminación, y escucha lo que digo. Todos los fenómenos son como sueños, como ilusiones y transformaciones; así, los pensamientos ilusorios son originalmente quietos, y los objetos de los sentidos son originalmente vacíos. En el mismo lugar donde todos los fenómenos son vacíos, la conciencia luminosa no se oscurece. Esta misma mente de quietud vacía y conciencia luminosa es tu rostro original. Es también el sello del Dharma íntimamente transmitido por todos los Budas de los tres tiempos, los maestros ancestrales de cada generación y todo buen amigo espiritual del mundo. Si despiertas a esta mente, puede decirse verdaderamente: sin pisar un solo peldaño, asciendes directamente a la tierra del Buda. Paso a paso trasciendes los tres reinos; al volver a casa, cortas de raíz toda duda. Te conviertes en maestro de dioses y humanos. Compasión y sabiduría se sostienen mutuamente; estás plenamente dotado de los dos beneficios, propio y ajeno, digno de recibir las ofrendas de dioses y humanos, y cada día tu valor supera los diez mil taeles de oro. Si puedes ser así, eres un verdadero gran hombre: la gran tarea de esta vida queda cumplida.»