← Revista Practice · Zen practice

Maestro Xuyun: La mente es como el vacío

Hace mucho tiempo vivía un anciano practicante que había pasado muchos años en una gran comunidad monástica. Era ecuánime y de corazón amplio por naturaleza, y siempre trataba a los demás con bondad. Con frecuencia exhortaba a la gente a...

Hace mucho tiempo vivía un anciano practicante que había pasado muchos años en una gran comunidad monástica. Era ecuánime y de corazón amplio por naturaleza, y siempre trataba a los demás con bondad. Con frecuencia exhortaba a la gente a "soltar, soltar". Alguien le preguntó una vez: "Anda usted diciendo a todos que suelten — ¿lo ha conseguido?" Él respondió: "Corté la ignorancia hace treinta años. ¿Qué me queda por soltar?" Más tarde, sintiendo que la vida en la comunidad seguía resultándole demasiado estrecha, se marchó a vivir en una cabaña de paja en una montaña remota. Esta vez permaneció solo en una cumbre solitaria, sin que nadie fuera ni viniera. Se sentía libre y a sus anchas, y estaba convencido de que por fin se había librado de toda aflicción.

Pero un día, mientras estaba sentado en meditación en su cabaña, oyó a un grupo de pastorcillos que charlaban ruidosamente fuera. Algunos dijeron: "Entremos a ver". Otros dijeron: "No, no perturbemos la mente del cultivador". Otros más dijeron: "Es un cultivador, su mente no se perturbará en absoluto". Al final, todos entraron. El anciano practicante permaneció sentado en su cojín y los ignoró por completo. Los muchachos curioseaban buscando algo de comer y beber, armando un gran alboroto todo el tiempo. Él no se movió ni dijo una sola palabra. Los muchachos, seguros de que estaba muerto, lo sacudieron, pero no se inmutó. Sin embargo, al tocar su cuerpo, descubrieron que aún estaba tibio.

Uno de ellos dijo: "¡Ha entrado en samadhi!" Otro dijo: "No lo creo". Así que uno de los jóvenes agarró una pajita y le pinchó la pierna —no se movió. Le pincharon la mano: nada. El ombligo: nada. Las orejas: nada. Pero cuando le pincharon la fosa nasal, ya no pudo contenerse más, soltó un estornudo estrepitoso y se puso a despotricar: "¡Os voy a romper las cabecitas, malditos pillastres!" En ese preciso instante, el Bodhisattva Avalokiteśvara apareció en el aire y dijo: "Decías que cortaste la ignorancia hace treinta años — ¿todavía queda algo que no puedas soltar, aun ahora?"

Esto demuestra que hablar un zhang no es tan bueno como practicar un chi, y hablar un chi no es tan bueno como practicar un cun. ¡Permanecer verdaderamente inconmovible ante las circunstancias externas no es hazaña menor! El Maestro Hanshan escribió en su Canción del Esfuerzo Ocioso:

Hablar del Camino es fácil; recorrerlo es difícil. Si los pensamientos errantes no se aquietan, todo esfuerzo es en vano. El polvo y el ajetreo del mundo constantemente nos atan y nos obstruyen — Incluso sentarse en silencio en una montaña remota es inútil.

Nosotros, que somos discípulos del Buda: si no ponemos el esfuerzo sincero que se requiere y no hacemos más que soltar palabras sin actuar conforme a ellas, todo cuanto decimos carece de verdadero beneficio.

— Día 22 del cuarto mes lunar, 1955 Una charla de dharma del Maestro Xuyun en la Montaña Yunju