La práctica del Zen nos ayuda a aprender a vivir (Akapa Rinpoche)
Tras alcanzar la iluminación, Siddhartha Gautama Buda comprendió que, más allá del ciclo de nacimiento, vejez, enfermedad y muerte que define la existencia humana, yace lo que llamamos la vida misma: aparentemente vasta, ilimitada e infi...
Enseñanzas de Su Eminencia Akapa Rinpoche sobre el Curso Fundamental de Meditación del Yoga Himalayo
Tras alcanzar la iluminación, Siddhartha Gautama Buda comprendió que, más allá del ciclo de nacimiento, vejez, enfermedad y muerte que define la existencia humana, yace lo que llamamos la vida misma: aparentemente vasta, ilimitada e infinita. A partir de ese momento, Buda encarnó la verdadera libertad. Comenzó a enseñar las prácticas de los cuatro dhyanas y los ocho samadhis, sendero también conocido como el de la atención plena recta.
En su esencia, la práctica de la atención plena recta consiste en no aferrarse a las emociones, la ansiedad o los patrones habituales. Es la práctica meditativa que surge cuando dirigimos nuestra atención a nuestro cuerpo, nuestra respiración y nuestros actos.
Buda enseñó que había descubierto un tesoro oculto en la propia vida: una sabiduría perfecta, sin tacha, y una naturaleza de la mente pura, inmaculada. Cuando podemos experimentar esto por nosotros mismos, somos capaces de superar todas las emociones y aflicciones. Ya no es necesario que nos enredemos en ellas: podemos liberarnos y conocer la verdadera libertad en nuestras vidas.
En una sociedad que pone el éxito por encima de todo, las personas verdaderamente exitosas saben cómo someter la codicia y los deseos que anidan y carcomen su corazón para conquistarse a sí mismas, en lugar de intentar dominar a los demás. La verdadera grandeza no pertenece a quienes derrotan a otras personas, sino a quienes se conquistan a sí mismos. Puedes eliminar a miles de enemigos, pero nunca podrás acabar con todos. Incluso si vences a miles, miles más surgirán para ocupar su lugar. Pero si alguna vez te conquistas a ti mismo de verdad, no quedará ni un solo enemigo en tu mundo.
Conquistarse a uno mismo es una de las tareas más difíciles que cualquiera de nosotros puede emprender. Estamos acostumbrados a obsesionarnos con los demás, lo que nos lleva a culpar a quienes están más cerca de nosotros, incluso a quejarnos de nuestra familia y de nuestros hijos. Pero la mayoría de las veces, la raíz del problema está en nosotros mismos. Solo cuando te has conquistado a ti mismo de verdad, eres verdaderamente invencible. Tu mundo se llenará de paz y quietud: no más luchas, no más anhelos, no más conflictos que te perturben.
En este sentido, la meditación es el sendero para conquistarse a uno mismo. Su propósito es convertirnos en personas que han superado sus propios deseos, la aversión y el orgullo; que han superado la ansiedad, las emociones turbulentas y los hábitos enquistados desde hace mucho tiempo. Eso es, en esencia, la meditación.
La meditación no es ni una religión ni una fe. No pertenece al ámbito de ningún conocimiento específico ni tradición cultural. Acudimos a la meditación para superar nuestra propia confusión. Para cada uno de nosotros, nuestra mayor confusión no radica en nuestra vida, ni en nuestro trabajo, y mucho menos en nuestra familia. Nuestra mayor confusión somos nosotros mismos. Solo cuando nos conquistamos a nosotros mismos llegamos a entendernos. Y al entendernos a nosotros mismos, lo entendemos todo. Esta es la filosofía fundamental que late en el corazón de la meditación.
La meditación nos enseña a vivir. Muchas religiones enseñan a las personas a morir, pero ese no es el propósito de la meditación. La meditación nos enseña a vivir. Vivir es a la vez un arte y una habilidad. La mayoría de nosotros no tenemos ni idea de cómo vivir bien, así que andamos a trompicones por la vida, atenazados por la ansiedad. Si miramos atrás a todos los años que hemos vivido, veremos que se resumen prácticamente en cuatro palabras: confusos y desorientados. La meditación nos permite vivir con claridad y plena conciencia.
La meditación nos permite vivir sin arrepentimientos. La vida está llena de innumerables arrepentimientos, porque nunca nos detenemos de verdad en el momento presente. La meditación es una forma de vida. Cuando practicamos la meditación, no tenemos que hacer el papel de un fanático religioso, ni fingir ser supersticiosos. La meditación te invita a ser una persona real y auténtica, no un hipócrita, no una persona que se miente a sí misma. Nos hemos acostumbrado a vivir en la mentira: nos engañamos a nosotros mismos y a los demás una y otra vez, y nos perdemos en una vida llena de engaños y falsedades. La meditación es un cuchillo afilado que desgarra las mentiras y los engaños, y nos permite atrevernos a enfrentar nuestro verdadero ser. En este sentido, la meditación es un juego para los valientes.
Quienes se atreven a enfrentar su verdadero ser son los más indicados para aprender meditación. Si no eres lo bastante valiente como para enfrentar tu verdadero ser, no pierdas el tiempo aprendiendo meditación: no te servirá de nada en absoluto. La meditación nos ayuda a convertirnos en personas auténticas, con los pies en la tierra, que se atreven a enfrentarse a sí mismas.
Pero en un plano más profundo, sin importar cuán absurda pueda volverse la vida, no nos queda más remedio que enfrentarla. La naturaleza misma de la vida es que no puedes escapar de nada que esta te ponga por delante. Así que no solo tenemos que enfrentar lo que se nos presenta, sino que tenemos que trabajarlo y superarlo. Pero cuando intentamos afrontar estas situaciones, el egoísmo, el orgullo, el deseo, la aversión y las emociones que albergamos enterradas en lo más profundo de nuestro corazón nos ciegan ante la verdadera naturaleza de las cosas, y terminamos arrepintiéndonos cada vez que intentamos resolver una situación. La verdadera naturaleza de la vida no alberga arrepentimiento alguno. Lo que llamamos arrepentimiento no es más que el producto de nuestra confusión y desconcierto ante la vida. La meditación nos revela la verdad de la vida, nos ayuda a comprender el sentido de vivir y nos enseña a vivir. Porque en la meditación, llegamos a ver lo profundamente significativo que es cargar con el peso de la vida, lo maravilloso que es vivir, lo pacífico y ordenado que es el mundo. Es la meditación la que colma nuestras vidas con el poder del amor y la sabiduría.