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Invertir en la soledad

No para la felicidad, de Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoche

Extraído de: No para la felicidad, de Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoche

¿Por qué la gente siempre se siente sola? ¿Será por falta de seguridad? Y otra pregunta: ¿por qué no podemos simplemente vivir solos? Si pudiéramos valernos por nosotros mismos, sería maravilloso: es algo en lo que los yoguis sobresalen, y por eso pueden soltar tanta carga. Para mí, la soledad es realmente una pregunta filosófica. Según el budismo, la soledad tiene su raíz en esa falta de seguridad que mencioné antes.

Ahora, cuando digo «falta de seguridad»: aunque digamos «yo», «soy David», «soy esto, soy aquello», aunque tengamos un nombre, un título, un trabajo, un marido, una esposa, un título universitario, un apartamento, un coche, un ático, sigue habiendo una persistente sensación de inseguridad, porque nunca podemos demostrar del todo que existimos.

Hacernos un tatuaje, cortarnos las muñecas, sacarnos un título, casarnos: lo hacemos todo solo para darnos una fugaz sensación de existencia. Y esa inseguridad a menudo se manifiesta como soledad. Dije antes que la flor que yo veo, tú nunca la verás. Así que no podemos compartir de verdad la flor real. Solo podemos fingir compartirla, y eso es una soledad profunda.

Nunca podré compartir contigo lo que estoy viviendo, y eso resulta muy solitario. Lo que yo vivo, solo yo lo puedo vivir. Pero si eres budista, la soledad es el amanecer de la sabiduría, y deberías invertir en ella. Si te sientes solo, significa que algo no encaja en esta vida de samsara. Puedes percibir que no funciona. Te quedará la sensación de que todo ha sido prometido en exceso, y puedes permitirte sentirlo. Esa sensación de que algo va mal, de no pertenecer al ciclo del samsara, es en realidad un factor psicológico muy importante en el que el practicante debería invertir.

Cuando éramos pequeños, todos nuestros valores giraban en torno a construir castillos de arena en la playa. Estábamos emocionados. Nos encantaban aquellos castillos de arena. Al cabo de un tiempo, en la adolescencia, ese truco dejó de funcionar. Pasó a ser coches rápidos y videojuegos. En la mediana edad, esos también dejaron de funcionar, y pasaron a ser trabajos, títulos, compañeros de trabajo, matrimonios y cosas por el estilo. Cuando rondes los noventa, esos juegos tampoco funcionarán. A los noventa, creo que empezarás a valorar cosas que antes habías pasado por alto: un salero, un mantel. Tus juguetes han cambiado.

Y algunos de nosotros logramos recorrer todo esto en apenas unos meses. Caes en la cuenta a medias de que todo carece de sentido, y esa sensación extraña es una soledad genuina. Para un practicante, esa soledad es muy importante. En el Sutra Prajnaparamita, hay un Bodhisattva que, en presencia del Buda, se lamenta: «Siento una pena muy profunda. Me consume el duelo por esta vida sin sentido y por cuanto hay en ella. Es casi insoportable.»

Entonces el Buda dijo: «Esto es un tesoro sagrado. Debes de haber acumulado un mérito tan vasto como para sentir aflicción por estas cosas.» Sin ese tipo de mérito, simplemente estarías disperso y distraído por todos los pequeños aparatos y chucherías de la vida, y para cuando por fin empezaras a pensar: «Espera, ¿qué está pasando? ¡Estos noventa y cinco años!», ya sería demasiado tarde. Así que para los practicantes, esto es realmente importante.

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