En los ojos del Buda, todos los seres sintientes son Budas; no existe marca alguna de los seres sintientes que se pueda aferrar
Los seres ordinarios estamos por completo sumidos en la ilusión y la confusión. Todo cuanto percibimos y comprendemos aparece teñido por nuestras mentes sin iluminación. Cuando miramos a los Budas, a los Bodhisattvas y a todos los seres ...
Los seres ordinarios estamos por completo sumidos en la ilusión y la confusión. Todo cuanto percibimos y comprendemos aparece teñido por nuestras mentes sin iluminación. Cuando miramos a los Budas, a los Bodhisattvas y a todos los seres sintientes, solo vemos seres ordinarios. Calumniamos el Dharma y quitamos la vida a seres sintientes, sin tener conciencia de nuestras graves transgresiones, y aun así creemos erróneamente que tales actos son fuente de gozo.
Por ser seres sin iluminación, caemos en el pensamiento dualista —la rígida distinción entre «tú» y «yo»— y no cesamos de buscar nuestro propio beneficio a costa de los demás. Impulsados por ello, quitamos la vida a seres sintientes y abusamos de los más débiles. Al escuchar las enseñanzas puras del Dharma o la verdad de nuestra compartida y universal naturaleza de Buda, tales personas no logran siquiera un destello de fe. Antes bien, calumnian al Dharma tachándolo de mera superstición, ajena a la realidad.
Inconscientes de las transgresiones kármicas nacidas de esta mentalidad dualista y de las aflicciones que las generan, lo confunden todo con felicidad. Sin embargo, esa supuesta felicidad es, en verdad, la mismísima causa del sufrimiento.
Hoy en día, muchas personas llevan vidas por completo agotadas. Sean funcionarios del gobierno o gente en pos de la riqueza, se esfuerzan con desesperación por alcanzar lo que aún no tienen. No obstante, cuando por fin lo obtienen, descubren que el precio fue excesivo —y el logro no les procura gozo alguno. En ese momento, si poseen un genuino sentido de responsabilidad hacia sus propias vidas, comenzarán a preguntarse el porqué y buscarán la causa de fondo. Si tienen la oportunidad de escuchar el Dharma en ese instante, pueden ser salvados.
Si no encuentran el Dharma, pueden caer en el cinismo: «La vida simplemente es así. Más vale tomar un poco de placer, ir tirando y dejarse llevar». La mayoría de los seres sin iluminación viven exactamente así.
El Buda alcanzó el despertar completo respecto a esta esencia universal e indivisa de la mente. La mente del Buda y las mentes de todos los seres sintientes —esta misma naturaleza mental del momento presente— son fundamentalmente iguales e idénticas, sin la menor distinción. El Buda contempla a todos los seres sintientes como Budas. Por ello, el Sutra del Avatamsaka afirma que en cada pensamiento de un Bodhisattva, incontables otros Bodhisattvas están alcanzando la iluminación suprema y perfecta.
Estos Bodhisattvas, al alcanzar la Buddhidad, perciben directamente la verdad de que todos los seres sintientes son Budas. Así, a los ojos del Buda, todos los seres sintientes son Budas; no existe marca alguna de ser sintiente que pueda ser aferrada. A la inversa, a los ojos de los seres sintientes, incluso los Budas no aparecen sino como simples seres ordinarios.