El Maestro Zibo sobre el buen uso de la mente
Una hoja afilada sale de su vaina, y su resplandor deslumbra como el sol. Corta el hierro como si fuera barro. Cualquier madera que encuentre —catalpa, nanmu, pino o ciprés— se vuelve un recipiente útil al ser moldeada por su filo. Así e...
Una hoja afilada sale de su vaina, y su resplandor deslumbra como el sol. Corta el hierro como si fuera barro. Cualquier madera que encuentre —catalpa, nanmu, pino o ciprés— se vuelve un recipiente útil al ser moldeada por su filo. Así es quien sabe manejar una hoja. Pero hay necios que, por más afilada que esté, solo la usan para cortar barro. Del barro no puede hacerse recipiente alguno, y el filo se embota día tras día. Así es quien no sabe manejar una hoja.
Lo mismo ocurre con los seres sintientes. La naturaleza de la mente es maravillosa desde el origen, pero en vez de observarla e iluminarla mediante la concentración y la sabiduría, dejan que la mente se aferre y se apegue, corriendo sin freno por los polvos del mundo sin pensar en regresar. A la deriva entre el nacimiento y la muerte, las ilusiones del sufrimiento no hacen sino profundizarse, sin un atisbo de salida. ¿Se puede decir que tales personas hacen buen uso de la mente? En cambio, quien tiene facultades agudas y sabiduría superior deja que el resplandor de la naturaleza de la mente se manifieste, atravesando sentido y objeto para revelar que ninguno posee naturaleza fija. Cuando concentración y sabiduría alcanzan su plenitud, encuentra la liberación en medio mismo de los polvos del mundo, y llega a la luz de la sabiduría a través de la sensación y el discernimiento. ¿Manejar la hoja de este modo no es como cortar oro y tallar jade? Todo recipiente así formado es sólido y duradero, y nunca se quiebra. Se llena de dulce rocío y lo derrama sobre todos, de modo que cualquier ser que reciba una sola gota verá enfriarse la fiebre de la aflicción y obtendrá innumerables cientos de miles de samadhis. Nada de esto viene de fuera, porque no es sino la propia naturaleza de la mente, completa desde siempre en uno mismo.
Por eso se dice: cuando uno hace buen uso de la mente, las ochenta y cuatro mil aflicciones se vuelven ochenta y cuatro mil samadhis; cuando no la usa bien, los ochenta y cuatro mil samadhis se vuelven ochenta y cuatro mil aflicciones. ¡Ay! La hoja es, en el fondo, una sola: bien usada, no hay nada que no pueda cortar ni moldear; mal usada, se desgasta día tras día.