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Dar trae mérito inconmensurable

El hermano menor del Venerable Maudgalyāyana era un anciano acaudalado de la ciudad, con oro, plata, tesoros, sirvientes y sirvientas en tan gran número que era imposible contarlos. Un día, el Venerable visitó su hogar para guiarlo hacia...

El hermano menor del Venerable Maudgalyāyana era un anciano acaudalado de la ciudad, con oro, plata, tesoros, sirvientes y sirvientas en tan gran número que era imposible contarlos. Un día, el Venerable visitó su hogar para guiarlo hacia el Dharma: «Hermano menor, he oído que no eres muy dado a dar. Pero el Buda suele enseñar que quienes se deleitan en la generosidad obtendrán mérito inconmensurable sin lugar a dudas. Si empiezas a practicar la generosidad de forma amplia a partir de ahora, tu recompensa kármica no tendrá límite».

El anciano quedó profundamente conmovido, así que empezó a dar de forma generosa para ayudar a quienes lo necesitaban. Incluso construyó muchos almacenes adicionales, con la idea de almacenar el mérito que le reportaría su generosidad.

Unos días después, la riqueza del anciano estaba casi agotada por tanta generosidad, pero aún no había visto ninguna recompensa. Frustrado, fue a buscar al Venerable Maudgalyāyana: «Antes, te oí decir que dar trae una gran recompensa kármica, así que no me atreví a ignorar tu consejo. Me esforcé mucho por ayudar a todos los que lo necesitaban. Ahora todos mis tesoros se han agotado y no tengo nada que mostrar por ello. ¿Acaso tus enseñanzas son erróneas?».

El Venerable respondió: «No digas eso. Todo lo que te dije es completamente cierto. Si quisiéramos representar con una imagen concreta el mérito que has acumulado, ni siquiera el cielo más vasto alcanzaría a contenerlo. Ahora te mostraré la recompensa kármica que tu generosidad ya te ha reportado».

Dicho esto, el Venerable Maudgalyāyana usó sus poderes sobrenaturales para transportar al anciano al sexto cielo del reino del deseo. Los palacios de ese lugar estaban hechos de las siete sustancias preciosas, y eran de una magnificencia extraordinaria. Los estanques de baño situados tanto al frente como en la parte trasera de los palacios desprendían una fragancia suave y permanente, y los almacenes albergaban tesoros tan numerosos que era imposible contarlos. Todos los sirvientes y asistentes eran doncellas celestiales de gran dignidad, en un número de hasta diez millones.

Cuando el anciano contempló aquella maravillosa visión, quedó perplejo y preguntó al Venerable Maudgalyāyana: «¿Por qué este magnífico palacio solo cuenta con doncellas celestiales y no hay ni un solo hombre?». El Venerable le dijo que se lo preguntara a ellas mismas, y así obtendría la respuesta.

Así pues, el anciano preguntó a las diosas: «¿Quién posee un mérito kármico tan grande que tiene derecho a disfrutar de todo lo que hay aquí?». Las diosas respondieron: «En Jambudvīpa, dentro de las fronteras de Kapilavastu, el Venerable Maudgalyāyana —el más eminente entre los discípulos del Buda Shakyamuni en poderes sobrenaturales— tiene un hermano menor que es un anciano sumamente virtuoso y acaudalado. Siempre se regocija en dar y ayuda a los pobres. Cuando fallezca, renacerá en este cielo para convertirse en nuestro señor y disfrutar de todo lo que hay aquí».

Cuando el anciano escuchó esto, sus intenciones virtuosas se fortalecieron aún más. De inmediato se arrepintió ante el Venerable por las dudas y los pensamientos poco virtuosos que había albergado antes. Tras regresar al mundo humano, dio con aún mayor diligencia, se dedicó a cultivar tanto el mérito como la sabiduría, y nunca se cansó de la práctica. Esto confirma que la enseñanza de que dar trae mérito inconmensurable es completamente verdadera, no una falsedad.

Reflexión

Si la ira y el resentimiento se anidan en la mente, es como llevar veneno dentro del cuerpo: no haces más que buscar los fallos de los demás y entorpecer las buenas acciones de quienes te rodean. El anciano acaudalado no llegaba a comprender las profundas causas y condiciones kármicas que actuaban en su situación, por lo que, cuando las dificultades llegaron después de haber dado con generosidad, surgieron en él la duda y el resentimiento. Tuvo la gran fortuna de contar con la guía del Venerable: cuando un solo pensamiento virtuoso brotó en él, sintió vergüenza y se arrepintió, hasta lograr cortar por completo el torrente de aflicciones para que no volviera a aparecer jamás.