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Cómo trabajar con los problemas comunes en la meditación (Bhante Gunaratana)

Bhante Gunaratana, La primera lección en calma — La atención plena a la respiración, Capítulo 10: Cómo abordar los problemas

Bhante Gunaratana, La primera lección en calma — La atención plena a la respiración, Capítulo 10: Cómo abordar los problemas

Surgirán problemas en la meditación. Todo el mundo se encuentra con ellos, de todas las formas y tamaños. Lo único seguro es que tú también tendrás los tuyos. La habilidad más importante a la hora de trabajar con los obstáculos es la actitud adecuada. Las dificultades y los obstáculos son parte inherente de la práctica. No se pueden evitar —y podemos sacar provecho de ellas. Nos brindan oportunidades invaluables para aprender.

Nos atascamos en el lodazal de la vida porque seguimos huyendo de nuestros problemas y persiguiendo nuestros deseos. La meditación nos ofrece una especie de laboratorio donde podemos examinar este patrón y encontrar modos de contrarrestarlo. Cualquier problema o dificultad que surja durante la meditación es algo que podemos explorar y trabajar. No hay placer que no vaya acompañado de un poco de dolor, ni dolor que esté completamente exento de placer. La vida es una combinación de felicidad y sufrimiento —van de la mano. La meditación no es una excepción. Tendrás sesiones buenas y malas, momentos de éxtasis y destellos de miedo.

¿Dónde está la pared? La pared está en tu mente

Así que cuando te encuentres con una experiencia que se te presente como una pared, no te sorprendas. No creas que eres especial. Todo meditador experimentado tiene sus propias paredes, que vuelven a aparecer una y otra vez: así que solo tienes que estar preparado para ellas. Tu capacidad para manejar las dificultades radica enteramente en la actitud. Si aprendes a ver estas dificultades como oportunidades —como condiciones que, de hecho, fortalecen tu práctica— avanzarás. La capacidad que desarrolles para trabajar con los problemas durante la meditación te acompañará el resto de tu vida, ayudándote a enfrentar las cuestiones verdaderamente espinosas que te encontrarás más adelante. Si intentas esquivar cualquier dificultad que surja en la meditación, solo estarás reforzando los hábitos que, en ocasiones, hacen que la vida sea insoportable.

Aprender a enfrentar las situaciones desagradables es fundamental. Como meditadores, nuestro trabajo es ser pacientes con nosotros mismos, mirarnos con honestidad y hacer espacio a todas nuestras penas y defectos. Necesitamos aprender a ser amables con nosotros mismos. Huir de lo desagradable, a la larga, no nos hace ningún bien. Paradójicamente, el requisito previo para la bondad auténtica es que, cuando surja lo no saludable, lo enfrentes de frente.

Si sufres de verdad, no apartes la mirada

Una estrategia común para lidiar con las dificultades es la autosugestión: cuando algo desagradable aparece, te repites que no está realmente ahí, o te convences de que se trata de placer y no de dolor. El planteamiento del Buda es justo lo contrario. Él te pide que lo examines a fondo —que no lo ocultes ni lo disfraces. El budismo te recomienda no apropiarte de sentimientos que no te pertenecen, ni evitar aquellos que sí son genuinamente tuyos. Si estás sufriendo, entonces estás sufriendo. Es un hecho. Es lo que está pasando en este momento. Así que míralo de frente. No te encogas. Cuando sufras, examina la experiencia. Obsérvala con atención. Estúdiala. Entiende cómo funciona. La forma de salir de una trampa es estudiarla —aprender cómo se construyó. La desmontas. Una vez desmantelada, ya no podrá retenerte. El resultado es la libertad.

Enfrentar el nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte: tú tienes una elección

Esta perspectiva es fundamental y, sin embargo, es uno de los aspectos menos comprendidos de la filosofía budista. Los estudiosos superficiales se apresuran a calificarla de pesimismo, diciendo que se obsesiona con el sufrimiento. Los pensadores budistas no se consideran pesimistas; de hecho, es todo lo contrario. El sufrimiento existe en este mundo, y eso es inevitable. Aprender a lidiar con el sufrimiento no es pesimismo; es una forma profundamente práctica de optimismo. ¿Cómo enfrentarías la muerte de tu pareja? Si mañana perdieras a tu madre, a tu hermana o a tu amigo más cercano, ¿cómo te sentirías? Supongamos que ese mismo día también perdieras tu trabajo, tus ahorros y el uso de tus piernas: ¿aún tendrías esperanza para el resto de tu vida en una silla de ruedas? Si fueras un paciente terminal de cáncer, ¿cómo manejarías ese tipo de dolor? ¿Y cómo enfrentarías la perspectiva de la muerte? Puedes esquivar la mayoría de estas desgracias, pero no las esquivarás todas. Cada uno de nosotros, en algún momento de la vida, perderá amigos y familiares. Todos nos enfermamos de vez en cuando. Y lo más importante: cada uno de nosotros va a morir. Puedes dejarte aplastar por estas realidades, o puedes recibirlas con un corazón abierto. La elección es enteramente tuya.

Que quede claro: el dolor no es lo mismo que el sufrimiento

El dolor es inevitable. El sufrimiento, no. Son dos cosas completamente diferentes. Si alguna de estas tragedias golpeara tu mente en este mismo instante, sentirías sufrimiento. Los patrones habituales que gobiernan la mente en ese momento te encerrarían dentro del dolor, sin salida. Dedicar tiempo a aprender a trabajar con estos patrones es una inversión sensata. La mayoría de las personas vuelca toda su energía en reducir el dolor y aumentar el placer. El budismo no te está diciendo que dejes de hacer eso. El dinero y la seguridad son cosas buenas. El dolor debe evitarse cuando sea posible. Nadie te pide que regales todas tus posesiones ni que busques sufrimiento innecesario. Pero el budismo sí sugiere que inviertas tiempo y energía en aprender a manejar la infelicidad, porque hay dolores que no se pueden evitar. Cuando ves un camión que se precipita hacia ti, por supuesto te apartas de un salto. La misma lógica se aplica a la meditación: aprender a enfrentar la infelicidad es la única manera de prepararte para los camiones invisibles de la vida.

Surgirán problemas en la práctica: algunos físicos, otros emocionales, otros actitudinales. Cada uno exige una respuesta distinta, pero todos son oportunidades para liberarte del yo.

Problema uno: Dolor físico

A nadie le gusta el dolor, pero todos se topan con él en algún momento. Es una de las experiencias más universales de la vida, y desde luego aparecerá en tu meditación de una forma u otra.

Hay dos etapas para trabajar con el dolor. Primero, intenta eliminarlo: encuentra la causa y abórdala. Si el dolor persiste, entonces conviértelo en tu objeto de meditación. El primer paso es revisar el cuerpo. Tal vez se trate de un dolor de cabeza, una fiebre o alguna enfermedad. En ese caso, consulta al médico antes de sentarte: tómate tu medicina, aplícate un ungüento o haz lo que suelas hacer.

¿Dónde duele exactamente?

Algunos dolores están ligados a posturas concretas al sentarse. Si no has pasado mucho tiempo sentado con las piernas cruzadas, necesitarás un periodo de adaptación, y algo de dolor es casi inevitable. Dependiendo de dónde se ubique el dolor, existen remedios particulares. Si está en las piernas o las rodillas, primero revisa tus pantalones. Si están demasiado ajustados o la tela es demasiado gruesa, ese podría ser el problema: prueba a cambiártelos. Revisa también tu cojín. Al presionarlo, debe conservar unos ocho centímetros de grosor. Si el dolor está en la cintura, intenta aflojar el cinturón, y también la pretina si es necesario. El dolor lumbar suele deberse a una mala postura: una posición encorvada nunca va a ser cómoda, así que siéntate erguido. No rígido, sino con la columna recta. El dolor en el cuello o en la parte alta de la espalda puede tener varias causas. La primera es la posición de las manos: deben descansar cómodamente sobre las rodillas, no elevadas por encima de la cintura. Relaja los músculos de los brazos y el cuello, pero no dejes que la cabeza se incline: mantenla alineada con la columna.

Observa tu dolor

Después de hacer todos estos ajustes, puede que algo de dolor aún persista. Si es así, pasa a la segunda etapa: deja que el dolor se convierta en tu objeto de meditación. No te precipites hacia él ni te alteres. Solo obsérvalo con atención plena. A medida que el dolor se intensifica, notarás que te aparta de la respiración. No luches contra ello. Deja que tu atención se desplace con suavidad hacia la sensación pura. Entra de lleno en el dolor. No bloquees la experiencia: averigua qué es realmente esa sensación. Supera tu impulso habitual de escapar y penetra hasta la sensación pura que subyace.

Descubrirás que pasan dos cosas. La primera es la sensación pura: el dolor en sí. La segunda es tu resistencia a esa sensación. La resistencia es en parte mental y en parte física. La parte física incluye la tensión de los músculos en la zona dolorida y sus alrededores. Relaja esos músculos uno por uno, soltando cada uno por completo. Esto por sí solo puede reducir el dolor de forma notable. Luego puedes trabajar con la capa mental de la resistencia. Igual que tu cuerpo está tenso, tu mente también lo está. Mentalmente estás apretando la sensación, intentando taparla y empujarla fuera de la conciencia. Es una resistencia silenciosa: una actitud de «no me gusta esto» o «vete».

Relaja el cuerpo, relaja la mente

Esta segunda capa es más sutil. Ninguna palabra puede describirla con total precisión. La mejor manera de captarla es por analogía. Observa cómo sueltas un músculo tenso y aplica el mismo enfoque a nivel mental. Así como relajas el cuerpo, relaja la mente. El budismo considera que el cuerpo y la mente están íntimamente conectados —tan conectados que muchas personas ni siquiera perciben que se trata de dos pasos separados. Para ellas, relajar el cuerpo es relajar la mente, y viceversa. Viven toda la relajación —mental y física— como un solo proceso. De cualquier modo, lo que importa es soltar por completo, hasta que tu conciencia atraviese lentamente la barrera de la resistencia y alcance el lecho de la conciencia pura. Esa resistencia es una barrera que tú mismo has construido. Es un foso, una sensación de distancia entre el yo y el otro, la frontera entre el "yo" y el "dolor". Cuando esa barrera se disuelve, la separación desaparece. Te deslizas en el mar embravecido de las sensaciones y te fundes con el dolor. Te conviertes en el dolor. Lo observas disiparse —y entonces ocurre algo extraordinario: ya no duele. El sufrimiento ha desaparecido. Solo queda la sensación, una experiencia desnuda. El "yo" que estaba siendo herido ha desaparecido. El resultado es la liberación del dolor.

Superar el dolor

Este es un proceso gradual. Al principio, solo puedes esperar trabajar con dolores menores, no con los abrumadores. Como con la mayoría de las habilidades, mejoras con la práctica. Cuanto más te sientes, más capaz serás. Y seamos claros: esto no es masoquismo. La autoflagelación no es el objetivo. Esta es una práctica de despertar, no de autoabuso. Si el dolor se vuelve verdaderamente insoportable, continúa meditando, pero cambia de posición —lenta y cuidadosamente—. Observa el movimiento, siente el cambio. Percibe su efecto sobre el dolor y observa cómo se alivia. Pero intenta no moverte demasiado. Cuanto menos te muevas, más fácil será mantener la atención plena. Los principiantes a veces dicen que les resulta difícil mantener la atención plena cuando surge el dolor. Esa dificultad proviene de un malentendido: creen que la atención plena es algo separado del dolor, pero no lo es. La atención plena no puede existir por sí sola; necesita un objeto, cualquier objeto. El dolor es un estado mental. Puedes ser consciente del dolor igual que puedes ser consciente de la respiración.

Los principios que exploramos en el Capítulo Cuatro se aplican también al dolor. Ten cuidado: demasiada atención es tan poco útil como muy poca. No adornes ni omitas nada. No enturbies la experiencia pura con conceptos, impresiones o supuestos. Permanece presente con el dolor a medida que se despliega, para no perderte su aparición ni su cesación. El dolor que no ha sido examinado con una atención plena clara da lugar a reacciones emocionales: miedo, ansiedad, ira. Cuando lo ves correctamente, esas reacciones no surgen. Es solo sensación, pura energía. Una vez que aprendes esta habilidad con el dolor físico, recurrirás a ella el resto de tu vida. Puedes aplicarla a cualquier sensación incómoda. Lo que funciona para el dolor también funciona para la ansiedad y la depresión crónica. Y la habilidad en el corazón de todo esto —quizá la más útil y práctica en la vida— es la paciencia.

Problema dos: Entumecimiento en las piernas

Al principio, es muy común sentir entumecimiento o pérdida de sensibilidad en las piernas durante la meditación sentada. Simplemente aún no estás acostumbrado a la postura de piernas cruzadas. Algunas personas se inquietan bastante y sienten que deberían levantarse a caminar. Otras están convencidas de que sus piernas van a morir por la mala circulación. No hay por qué preocuparse por el entumecimiento. Lo causa la compresión de los nervios, no una mala circulación. No vas a dañarte las piernas por sentarte, así que relájate. Cuando las piernas se te entumezcan durante la meditación, simplemente observa el fenómeno con atención. Fíjate qué se siente. Puede ser incómodo, pero no es dolor —a menos que estés demasiado tenso. Solo obsérvalo con calma. Si tus piernas permanecen entumecidas durante toda la sesión, está bien. Tras practicar un tiempo, el entumecimiento irá desapareciendo poco a poco.

Tu cuerpo se adaptará a la práctica diaria y, con el tiempo, por más que te sientes, las piernas ya no se te entumecerán.

Problema tres: Sensaciones inusuales

La gente experimenta todo tipo de fenómenos durante la meditación. Algunos sienten picazón; otros sienten hormigueo, una relajación profunda, ligereza o una sensación de flotar. Puede que sientas que creces, que te encoges o que te elevas en el aire. Los principiantes a menudo se emocionan con estas experiencias. No te preocupes: no vas a despegar de verdad. Cuando alcanzas un estado de relajación, tu sistema nervioso simplemente empieza a dejar pasar las señales sensoriales con mayor eficiencia. Una gran cantidad de material sensorial antes bloqueado puede fluir libremente, produciendo toda clase de sensaciones extrañas. No tiene ningún significado especial. Es solo sensación, así que usa tu técnica habitual. Obsérvala surgir y luego obsérvala pasar. No te dejes atrapar por ella.

Problema cuatro: Somnolencia

Sentir somnolencia durante la meditación es perfectamente normal. Te vuelves muy tranquilo y relajado, que es justo como debe ser. Desafortunadamente, por lo general solo experimentamos este estado agradable al quedarnos dormidos, así que lo asociamos con ese proceso. Naturalmente, vas quedándote dormido poco a poco. Cuando notes que te estás durmiendo, traslada tu atención de la respiración a la propia somnolencia. La somnolencia tiene ciertas cualidades que afectan tu pensamiento. Identifícalas y nota las sensaciones correspondientes en el cuerpo. Esta atención curiosa es el enemigo natural de la somnolencia y hará que se desvanezca. Si eso no funciona, investiga por qué tu cuerpo tiene sueño, encuentra la causa y atiéndela. Si acabas de comer mucho, puede que sea eso. Lo mejor es no comer demasiado antes de sentarse, o esperar una hora después de una comida pesada. Además, no pases por alto lo obvio: si has estado cargando ladrillos todo el día, claro que vas a estar cansado; lo mismo si solo dormiste unas pocas horas la noche anterior. Presta atención a lo que tu cuerpo necesita antes de sentarte. No cedas al sueño. Mantente despierto y atento, porque el sueño y la absorción meditativa son diametralmente opuestos. Ninguna visión nueva surge del sueño; solo surge de la meditación. Si tienes mucho sueño, toma una respiración profunda y aguántala el mayor tiempo posible. Luego exhala lentamente. Toma otra respiración profunda, aguántala tanto como puedas y exhala lentamente otra vez. Repite esto hasta que sientas que entras en calor y se te ha pasado el sueño, y entonces vuelve a la respiración.

Problema cinco: Incapacidad para concentrarse

Una mente inquieta y saltarina es algo que todos experimentan, y lo abordaremos con más detalle en los dos capítulos sobre "Cómo lidiar con la distracción". Pero también conviene tener presentes ciertos factores externos que contribuyen a esto, y la mayoría pueden ajustarse con cambios sencillos en tu rutina. Las imágenes mentales son poderosas; permanecen en la mente durante mucho tiempo. Todas las técnicas narrativas actúan directamente sobre esa materia prima. Una buena obra, con sus palabras e imágenes, deja una huella profunda en la mente. Si acabas de ver una película premiada, tu meditación se llenará de esas imágenes; si estás leyendo una novela de suspenso, tu meditación se llenará de monstruos. Así que cambia el orden: medita primero, luego lee o mira una película.

Otro factor poderoso es tu propio estado emocional. Si hay conflictos en tu vida, los sentimientos sin resolver te seguirán hasta el cojín. Intenta resolver las cosas antes de sentarte, y tu práctica fluirá con más suavidad y menos ruido mental. Pero no uses esto como excusa para saltarte la meditación. A veces no puedes resolverlo todo antes de sentarte. Suéltalo y siéntate de todos modos. Te atrapa tu propia visión estrecha. Usa la meditación para soltar las actitudes egocéntricas, y tus problemas serán más fáciles de manejar después. A veces la mente parece incapaz de aquietarse sin razón aparente. Recuerda el ciclo que mencionamos antes: la meditación es un eslabón dentro de él. Habrá días buenos y días malos.

La meditación de visión profunda es, principalmente, una práctica de despertar la conciencia. Vaciar la mente no es más importante que la conciencia atenta. Si tu mente está turbulenta y no se aquieta, simplemente obsérvala. Todo eso eres tú, y al hacerlo darás otro paso adelante en tu viaje de autodescubrimiento. Sobre todo, no te frustres con la cháchara incesante de la mente; esa cháchara es simplemente otro objeto más al que la atención plena puede atender.

Problema seis: Aburrimiento

Es difícil imaginar algo más aburrido que estar sentado e inmóvil durante una hora sintiendo solamente cómo el aire entra y sale por las narices. En la meditación, repites este proceso una y otra vez. Todo el mundo lo vive. El aburrimiento es un estado mental: trátalo como tal. Unas estrategias sencillas pueden ayudarte a manejarlo:

Estrategia uno: Restablece la atención plena auténtica

Si la respiración se ha convertido en un ejercicio tedioso de observación repetida, una cosa es cierta: ya no la estás observando con atención plena auténtica. La atención plena nunca es aburrida. Si te descubres aburrido, mira de nuevo. No asumas que sabes qué es la respiración. No des por sentado lo que observas. Si lo haces, estarás reduciendo el proceso a un concepto y perdiendo su realidad viva. Cuando mantienes una atención plena clara sobre la respiración o sobre cualquier otra cosa, nunca te aburrirás. La atención plena observa todo con ojos de niño y con curiosidad. Ve cada momento como si fuera el primero—y el único. Así que mira de nuevo.

Estrategia dos: Observa tu estado mental

Examina tu aburrimiento de cerca. ¿Qué es? ¿Dónde está? ¿Cómo se siente? ¿De qué está hecho? ¿Hay sensaciones físicas asociadas a él? ¿Cómo afecta tu pensamiento? Examina el aburrimiento como si nunca hubieras experimentado ese estado antes.

Problema siete: Miedo

A veces surgen estados de miedo de manera inexplicable durante la meditación. Esto es común y puede tener muchas causas. Puede provenir de algo reprimido hace mucho tiempo. Recuerda que los pensamientos brotan del inconsciente. La carga emocional de un pensamiento entra en tu conciencia antes que el pensamiento mismo. Si resistes el miedo, el recuerdo no hará sino molestarte dentro de los límites que puedas manejar. En segundo lugar, puede que estés enfrentando directamente nuestro "miedo a lo desconocido". En algún momento de tu práctica, la realidad te golpeará con fuerza. Estás desmantelando los muros de ilusión que siempre has usado para explicarte la vida a ti mismo. Te encontrarás cara a cara con la realidad última. Es aterrador, pero debes enfrentarlo tarde o temprano. Da un paso al frente y sumérgete profundamente.

La tercera posibilidad es que el miedo que sientes sea autoinfligido, quizás el resultado de una técnica torpe. Quizá, sin darte cuenta, hayas instalado un programa para "comprobar lo que está a punto de suceder". Así, cuando aparece una fantasía aterradora, tu concentración se aferra a ella, y la fantasía se alimenta de la energía de tu atención y crece. El verdadero problema aquí es que la atención plena es demasiado débil. Si fuera lo bastante fuerte, notaría esta transformación en cuanto comenzara y manejaría la situación con ecuanimidad. Sea cual sea su origen, la atención plena es la cura. Observa el miedo tal como es. No te aferres a él. Solo mira cómo surge y crece. Estudia sus efectos. Observa cómo te hace sentir y cómo afecta a tu cuerpo. Cuando te encuentres cayendo en un abismo de fantasías aterradoras, simplemente obsérvalas con atención plena. Mira las imágenes como imágenes, los recuerdos como recuerdos. Observa cómo surgen las reacciones emocionales y conócelas tal como son. Permanece al margen del proceso; no te involucres. Contempla todos los cambios como un espectador curioso. Y lo más importante: no intentes manipular la situación. No intentes suprimir recuerdos, sentimientos ni fantasías. Simplemente apártate y deja que todo ese estado turbulento hierva y se disipe por sí solo. No puede hacerte daño. Es solo un recuerdo, solo una fantasía. No es nada en absoluto: solo miedo.

Si dejas que el miedo recorra su propio camino por el escenario de la conciencia, no se hundirá en el inconsciente para volver a atormentarte más tarde. Desaparecerá para siempre.

Problema ocho: Inquietud

La inquietud es a menudo una cubierta que aparece en el inconsciente de los practicantes experimentados. Los seres humanos somos buenos reprimiendo cosas en lugar de afrontarlas directamente. Procuramos enterrarlas para no tener que lidiar con ellas. Lamentablemente, muchas veces no lo conseguimos, o al menos no del todo. Aunque los pensamientos quedan ocultos, la energía mental usada para taparlos permanece y estalla en secreto, produciendo la incomodidad que llamamos "inquietud" o "desasosiego". Nada permanece enterrado con éxito, y aun así no logras sentirte a gusto, no logras relajarte. Cuando este estado incómodo aparece en la meditación, simplemente obsérvalo. No dejes que te controle. No te levantes y te vayas. No luches contra él ni intentes hacerlo desaparecer. Deja que esté ahí y obsérvalo con atención. Entonces, lo que ha sido reprimido acabará aflorando, y sabrás qué era lo que te preocupaba.

La experiencia desagradable de la que intentas escapar podría ser cualquier cosa: culpa, codicia u otro problema. También podría ser un dolor evidente, una dolencia oculta o el preludio de una enfermedad. Sea lo que sea, deja que surja y obsérvalo con detenimiento. Si simplemente te sientas y observas tu inquietud, acabará marchándose. Atravesar la prueba de la inquietud es un pequeño avance en tu vida de meditación. Te enseñará mucho. Descubrirás que la inquietud no es solo un estado mental superficial: es impermanente por naturaleza. Va y viene, y no tiene poder para controlarte.

Problema nueve: Esfuerzo excesivo

Notarás que los meditadores hábiles suelen ser personas muy alegres. Poseen uno de los tesoros más preciados de la humanidad: el sentido del humor. Su humor no es la ingeniosidad superficial de los presentadores de televisión: es un humor genuino. Pueden reírse de sus propios fracasos y burlarse de sus infortunios personales. Los principiantes a menudo se toman la práctica demasiado en serio. Aprender a mantenerse ligero durante la meditación es importante. Cuando te sientes, relájate lo más que puedas. Debes aprender a observar todo lo que sucede de forma objetiva. Si estás tenso, luchando y tratando todo con muchísima seriedad, solo empeorarás las cosas.

Los principiantes a menudo están deseosos de ver resultados. Están llenos de expectativas desmedidas. Se lanzan de cabeza y esperan resultados increíbles de inmediato. Se exigen demasiado, se tensan y se agotan, y todo se vuelve extremadamente rígido y serio. Esta tensión va en contra de la atención plena. Sus avances son naturalmente escasos, y entonces concluyen que la meditación es aburrida, que no satisface sus expectativas, y la abandonan. Debes comprender que solo puedes aprender a meditar meditando. Solo a través de la experiencia directa y práctica puedes aprender qué es la meditación y a dónde te llevará. Los principiantes a menudo no saben hacia dónde van, porque en realidad no saben en qué consiste la práctica; simplemente dejan que su imaginación se desboque.

Las expectativas de los principiantes son, por supuesto, poco realistas y mal informadas. Lo que esperan está equivocado; esas expectativas no ofrecen ningún beneficio y solo se vuelven obstáculos. El exceso de esfuerzo solo trae rigidez y dolor, lo que lleva a la culpa y al reproche hacia uno mismo. Cuando practicas con demasiada tensión, tu esfuerzo se vuelve mecánico y mata la atención plena antes de que pueda siquiera comenzar. El mejor consejo es soltarlo todo: suelta tus expectativas y tu tensión, y simplemente medita con un esfuerzo constante y equilibrado. Disfruta la práctica; no la conviertas en una carga ni en un trabajo tedioso. Solo mantén la atención plena, y la meditación se encargará de lo que venga después.

Problema Diez: Frustración

El resultado del exceso de esfuerzo es la frustración. Estás tenso y no logras nada. Te das cuenta de que no has avanzado como esperabas, así que te sientes frustrado, como si fueras un fracaso. Todo esto es un ciclo muy natural, pero es completamente evitable. Obligarte con expectativas poco realistas es la causa principal. Aun así, este síntoma está en todas partes. Incluso con el mejor consejo, verás que todavía te invade. Hay una solución. Si te descubres sintiendo frustración, simplemente observa tu estado mental con claridad. No le añadas nada; solo obsérvala. La sensación de fracaso es tan solo otra reacción emocional impermanente. Si te involucras, se alimentará de tu energía y crecerá. Si te mantienes al margen y observas, pasará.

Si notas el fracaso y la frustración durante la meditación, es aún más fácil de manejar. Sientes que no puedes mantener la atención plena. En ese momento, simplemente mantén la atención plena sobre el propio sentimiento de fracaso. Con este sencillo paso, puedes restablecer tu atención plena. El sentimiento de fracaso no es más que un recuerdo.

En la meditación no existe el fracaso, solo hay contratiempos y dificultades. A menos que te rindas por completo, no hay fracaso alguno. Incluso si pasaras veinte años enteros sin ningún avance, aún puedes elegir mantener la atención plena en cualquier momento. Esa es tu decisión. El arrepentimiento solo te hace perder la atención plena y abre otra puerta. El momento en que te das cuenta de que has perdido la atención plena, ese mismo darte cuenta es ya un acto de atención plena. Así que continúa con la práctica. No te dejes desviar del camino por las reacciones emocionales.

Problema Once: Resistirse a la Meditación

A veces simplemente no tienes ganas de meditar; solo pensarlo ya te molesta. Perderte una sesión no tiene gran importancia, pero fácilmente se convierte en un hábito. Lo mejor es superar la resistencia en la medida de lo posible y seguir sentado. Observa la aversión. En la mayoría de los casos es breve: parpadea ante tus ojos y, tras cinco minutos sentado, desaparece. Otras veces se debe a un bajón emocional ese día, y entonces durará un poco más. Pero también acabará pasando. Resolverlo durante una sesión de veinte o treinta minutos es mejor que arrastrarlo contigo y arruinarte el día entero. La resistencia también puede surgir porque la propia práctica haya encontrado alguna dificultad de la que seas o no consciente. Si conoces el problema, usa las técnicas presentadas en este libro para abordarlo; una vez resuelto, la resistencia desaparecerá con él. Si no lo conoces, no queda más que aguantar. Sigue sentado hasta que la resistencia pase y obsérvala con atención. Desaparecerá. Entonces puede que la causa aflore cuando tu atención despierte, y en ese momento podrás empezar a trabajarla.

Tu actitud es el problema

Si a menudo te resistes a meditar, sospecha que algo no anda bien en tu actitud básica. Puede ser muy sutil. La meditación no es un ritual lúgubre, ni una tarea dolorosa o aburrida. Tampoco es una obligación estricta y solemne. La meditación es atención plena, una nueva forma de ser, una forma de juego. La meditación es tu amiga; cuando la ves así, la resistencia se disipa como humo ligero barrido por la brisa del verano.

Si lo has intentado todo y la resistencia persiste, el problema podría ser más serio. A veces los meditadores se topan con ciertos obstáculos sobrenaturales que escapan al alcance de este libro. Los principiantes rara vez se enfrentan a esto, pero puede ocurrir. No te rindas; busca ayuda. Encuentra un maestro cualificado de meditación vipassana y pídele que te ayude a resolver este asunto. Para eso están.

Problema doce: Trance o embotamiento

Ya hemos hablado del fenómeno psicológico de la somnolencia. Dentro de ese proceso hay una vía particular a la que conviene prestar especial atención: el embotamiento mental puede ser un subproducto dañino de la absorción meditativa profunda. A medida que se profundiza la relajación, no solo se relajan los músculos, sino que también cambia la transmisión neural. Esto crea una sensación de gran calma y ligereza en el cuerpo. Te sientes profundamente en paz, como si te hubieras desprendido del cuerpo. Es un estado muy cómodo. Al principio, tu concentración se mantiene fielmente centrada en la respiración. Pero a medida que avanza, la sensación agradable se apodera de ella y la aparta de la respiración. Empiezas a disfrutar de verdad de este estado, y tu atención plena comienza a declinar. Tu atención deriva sin rumbo por una bruma difusa de dicha. El resultado es un estado completamente desprovisto de atención plena, un arrobamiento similar al trance. El remedio es, por supuesto, la atención plena. Observa estos fenómenos con atención plena y desaparecerán. Cuando surjan sentimientos de dicha, acéptalos; no hace falta evitarlos, pero nunca te emborraches con ellos. Son solo sensaciones físicas; trátalas como tales. Observa las sensaciones como lo que son, el embotamiento como lo que es. Observa cómo surgen y cómo se van; no te enredes en ellos.

Los problemas surgen inevitablemente durante la meditación; todo el mundo los experimenta. Puedes verlos como tormentos terribles o como desafíos que superar. Si los ves como cargas, solo añadirás más sufrimiento. Pero si los ves como oportunidades para aprender y crecer, los horizontes de tu mente se abrirán al infinito.