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¿Cómo surgen nuestras apariencias invertidas?

¿Cómo surgen nuestras apariencias invertidas? «Surgen solo de causas y condiciones, generadas por la inversión». La «existencia por causas y condiciones» es la fuerza kármica; lo «generado por la inversión» se refiere al aferramiento y l...

¿Cómo surgen nuestras apariencias invertidas? «Surgen solo de causas y condiciones, generadas por la inversión». La «existencia por causas y condiciones» es la fuerza kármica; lo «generado por la inversión» se refiere al aferramiento y la discriminación que surgen en nuestra mente. «Por lo tanto se dice: contempla siempre con gozo estas marcas del dharma».

Podemos acudir con regularidad a esta sabiduría de la vacuidad, contemplándola para extinguir el amor y el aferramiento en nuestra mente. «Esto se llama el segundo lugar de acceso para el bodhisattva mahāsattva». Este es el lugar de acceso. El primero, del que hablamos anteriormente, se denomina lugar de práctica: se trata de la contemplación del principio. Lo que abordamos aquí es el cultivo del objeto.

Es necesario clarificar estos pensamientos invertidos, pues se trata precisamente de lo que debemos confrontar: aquello que la contemplación de la vacuidad pretende erradicar. Los pensamientos invertidos surgen de dos fuentes principales. Primero, la «existencia por causas y condiciones» es tu fuerza kármica. El karma bueno y malo que generaste en vidas pasadas se manifestará inevitablemente como circunstancias concretas en tu vida presente.

Segundo, lo «generado por la inversión» es tu aferramiento. Una vez que la fuerza kármica se manifiesta, sabe que es impermanente por naturaleza: cualquier karma que generes, ya sea pecaminoso o meritorio, solo dura un período determinado. Pero, ¿por qué estas impresiones, una vez que entran en tu mente, permanecen en ella modelando tu carácter vida tras vida? Porque te aferras a ellas —aferrándote a sus marcas y discriminando entre ellas.

En resumen, los pensamientos invertidos son una combinación de dos elementos: la fuerza kármica y la imaginación delusoria.

Maestro Jingjie, El Sutra del Loto