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¿Cómo se introducen las circunstancias externas en tu mente para herirte?

Para cultivar la paciencia (忍辱, la práctica budista que consiste en soportar la adversidad sin resentimiento), primero debes desarrollar una comprensión clara de los objetos mentales que surgen en tu propia mente. Estos objetos mentales ...

Para cultivar la paciencia (忍辱, la práctica budista que consiste en soportar la adversidad sin resentimiento), primero debes desarrollar una comprensión clara de los objetos mentales que surgen en tu propia mente. Estos objetos mentales actúan como un puente esencial para la transmisión de la aflicción. Permítanme decirlo claro a todos ustedes: pueden alegar que las circunstancias externas les hieren, pero antes hay una pregunta fundamental que debemos abordar: ¿cómo podría algo ajeno a tu mente introducirse en tu mundo interior para causarte daño?

Las circunstancias externas son forma —en la terminología budista, 色—, los fenómenos materiales con propiedades que obstaculizan. Tu mundo interior es la mente. Existe un límite inherente entre la mente y la forma, así que ¿cómo podría algo externo penetrar jamás tu ser interior para causarte daño? Ah, la respuesta está en estos objetos mentales: nos aferramos a la imagen que percibimos del estímulo externo. Para desglosarlo: primero, surge un objeto mental condicionado por causas y condiciones pasadas; segundo, generamos un objeto mental discriminatorio a partir de él.

Empecemos por el objeto mental condicionado por causas y condiciones. Primero, hemos de tener claro un principio básico: cuando alguien te dice algo, sus palabras no son sino la suma de incontables elementos lingüísticos individuales. Si sus palabras te causan sufrimiento, se debe a que, desde la perspectiva del principio budista de la interdependencia de todos los fenómenos, tienes un vínculo kármico con esa persona. Si no tuvieras ningún vínculo kármico con ella, nada de lo que dijera podría causarte dolor jamás. Al fin y al cabo, esta es la esencia misma del origen dependiente (缘起, el principio budista según el cual todos los fenómenos surgen por la conjunción de causas y condiciones): si una sola frase pudiera causar sufrimiento a todas las personas que la escuchan, dicha frase tendría una naturaleza inherente e independiente, lo que contradice directamente este principio.

Pero esto no es lo que ocurre en la realidad. Imagina: cuatro personas escuchan exactamente la misma frase. Tres no sienten dolor en lo más mínimo, mientras que solo tú sufres. Esto deja en evidencia que el problema está en ti. Cuando ese objeto mental entra en tu mente y desencadena una sensación de malestar, la razón es simple: el karma (业, la ley de causa y efecto en el budismo). Entre tú y esa persona debió haber un vínculo kármico en vidas pasadas. Hasta cierto punto, creaste karma con ella, así que ahora se te devuelve. Este es el primer tipo de objeto mental: el condicionado por causas y condiciones. No tienes por qué temerle, porque solo es una sensación, un sentimiento pasajero.

La segunda etapa es que te aferras a este objeto mental y le superpones tu propia imaginación y discriminación. En este punto, la situación se vuelve mucho más complicada: ya no se trata solo de karma pasado, sino que también está manchada por los pensamientos ilusorios que has generado en esta vida. Una vez que alimentas todas estas imaginaciones, el asunto se infla hasta abarcar incontables problemas completamente ajenos a él. Empiezas a rumiar el pasado, a preocuparte por el futuro, a aferrarte y discriminar constantemente cada detalle de esa sola frase. ¿Qué sucede después? Sin duda tomarás represalias, y esta acción creará nuevas causas kármicas entre tú y la otra persona. Cuando este nuevo karma madure en tu próxima vida, dará lugar a aún más pensamientos ilusorios… y así te ves atrapado en un ciclo vicioso de sufrimiento que se repite vida tras vida.

Comentario del Venerable Maestro Jingjie sobre el Sutra del Loto