Aunque no puedas practicar Zen, aún necesitas aprender a ir más despacio
En esta época de ritmo acelerado, todos estamos acostumbrados a vivir con prisa, y los practicantes budistas no son la excepción: nos apresuramos a cumplir nuestra cuota de recitaciones del nombre de Buda y corremos por avanzar en nuestr...
Incluso si no puedes practicar zen, necesitas aprender a ir más despacio
En esta época de ritmo acelerado, todos estamos acostumbrados a vivir con prisa, y los practicantes budistas no son la excepción: nos apresuramos a cumplir nuestra cuota de recitaciones del nombre de Buda y corremos por avanzar en nuestras tareas de práctica. Cuando vemos a otros recitar sutras y mantras con fluidez, asistir a toda clase de asambleas del Dharma, nos inquietamos y hacemos hasta lo imposible por no quedarnos atrás. Pero cuando corremos en la práctica, terminamos recitando mal los sutras, confundiendo los mantras, y al invocar el nombre de Buda la mente se nos va y las distracciones se desbocan. Solo entonces caemos en la cuenta: cuanto más perseguimos la velocidad, más dispersa se vuelve la mente; cuanto más nos exigimos, más nos alejamos de la concentración meditativa (samadhi). ¿Qué podemos hacer al respecto?
El Buda tuvo una vez un discípulo llamado Yi'er, un músico reconocido. Tras dejar el hogar para unirse a la Sangha, practicó con diligencia día y noche sin aflojar el ritmo, pero sus fuerzas físicas se fueron agotando poco a poco. Se desalentó en lo profundo del corazón y llegó incluso a pensar en regresar a la vida laica. Cuando el Buda se enteró, le ofreció una enseñanza a través de una pregunta: «Cuando tocas la cítara, ¿qué sucede si las cuerdas están demasiado tensas?». Yi'er respondió con respeto: «Honrado por el Mundo, si las cuerdas están demasiado tensas, se romperán». El Buda preguntó entonces: «¿Y qué si están demasiado flojas?». Yi'er respondió: «Si están demasiado flojas, no pueden producir un sonido claro y resonante». El Buda sonrió y dijo: «La práctica sigue el mismo principio. Debes ajustar tu mente para que esté en paz y serena: ni demasiado tensa, ni demasiado floja». Al escuchar la enseñanza del Buda, Yi'er dejó de apresurarse por obtener resultados rápidos y pronto alcanzó el fruto del arhat.
El Dhammapada enseña: «No subestimes las pequeñas buenas acciones, pensando que no traen mérito: por pequeña que sea una sola gota de agua, irá llenando poco a poco un gran recipiente». Todos deseamos poseer una mente firme e inquebrantable, y la práctica del zen es algo que debemos cultivar, mas no se logra de la noche a la mañana. El fundamento para cultivar la concentración meditativa (samadhi) es la morada en calma (samatha), y la práctica de aquietar la mente comienza por aprender a ir más despacio.
Más allá de la meditación sentada, integrar la práctica en la vida cotidiana y observar con atención plena el momento presente también es una forma sencilla y accesible de cultivar el zen.
Al circunvalar una estatua de Buda, ve más despacio. Relaja el cuerpo y la mente: siente toda la planta del pie, desde el talón hasta la punta, presionar firmemente contra el suelo; levanta los pies lentamente y apóyalos con suavidad, notando el desplazamiento del centro de gravedad de tu cuerpo. Con cada paso firme, tus pensamientos dispersos e inquietos también se irán aquietando.
Al recitar el nombre de Buda, afloja el ritmo. No hace falta perseguir un número determinado de repeticiones ni apresurarte a cumplir tus metas de práctica. Aunque recites solo diez veces en un minuto, es suficiente si tu mente, tu voz y tu escucha están en sintonía. A este ritmo suave, cada recitación del nombre de Buda puede echar verdaderas raíces en tu corazón, y la alegría del Dharma surgirá en silencio.
Al postrarte en homenaje al Buda, haz tus movimientos más lentos. Al venerar a los Ochenta y ocho Budas, mantén una visualización reverente mientras unes las palmas y recita en voz alta los sagrados nombres de Buda al ir bajando el cuerpo en reverencia. Cada postración no es solo un movimiento físico de subir y bajar, sino una entrega espiritual del corazón.
Al recitar mantras, ralentiza el tempo. No necesitas apuntar a un número fijo de repeticiones. Puedes coordinar la recitación con la respiración: una frase por cada aliento, articulando cada palabra con claridad. Recitar despacio facilita entrar en comunión con los Budas.
Por lo tanto, incluso si no puedes practicar zen, necesitas aprender a ir más despacio. Cuando lo haces, regresas al momento presente y proteges tu conciencia para que no se disperse hacia afuera; entonces puedes percibir con claridad cada pensamiento y realizar la verdadera naturaleza de la vida.
Samatha (止) y Vipassana (观) son métodos fundamentales de la práctica budista. Samatha, la práctica de cultivar la concentración meditativa, permite que la mente se pose en un solo objeto y extinga los pensamientos dispersos; Vipassana, la práctica de cultivar la sabiduría, consiste en observar la verdadera naturaleza de todos los fenómenos desde la concentración meditativa para disipar la ignorancia. Samatha es el fundamento de Vipassana, y Vipassana es la culminación de Samatha. Ambas se complementan en lo que se conoce como la «práctica unificada de Samatha y Vipassana», que tiene como propósito generar sabiduría a partir de la concentración meditativa y fundirse con la realidad última.