El poder del pie divino tiene tres tipos
Este poder divino de los pies es la capacidad sobrenatural que permite viajar con total libertad y sin obstáculos a cualquier lugar que se desee.
El Poder Divino de los Pies Cuenta con Tres Tipos
Este poder divino de los pies es la capacidad sobrenatural que permite viajar con total libertad y sin obstáculos a cualquier lugar que se desee.
Las enseñanzas doctrinales generales clasifican este poder divino de los pies en tres tipos distintos. El primero es el poder divino de transporte corporal. Permite volar por el cielo como un pájaro, recorriendo la inmensidad vacía. Por ejemplo, el gran Maudgalyāyana fue capaz de cruzar volando todo un sistema-mundo de cuatro continentes en un solo día, una muestra clásica de este poder divino de transporte corporal.
El segundo es el poder divino ideacional. Esta capacidad se basa por completo en la mente: basta con fijar la intención en un lugar, por lejano que esté, para llegar al instante.
El tercero es el poder divino nacido de la mente. Esta capacidad opera puramente a través de la concentración mental: por muy distante que sea el lugar, en cuanto la mente se fija en él, el cuerpo sigue su impulso. El cuerpo llega allí donde va la mente, y esto es lo que se conoce como poder divino nacido de la mente.
Además del vuelo, el poder divino de los pies engloba muchas otras capacidades. El vuelo mismo nace del poder de la mente: cuando la fuerza mental es lo bastante intensa, puede levantar el cuerpo físico y elevarlo por el aire.
Por lo general, quienes buscan cultivar poderes divinos deben alcanzar primero un estado de profunda concentración meditativa. El primer paso es la visualización: se visualiza el cuerpo elevándose del suelo, primero una pulgada, luego dos, después tres, un metro, dos metros, ascendiendo poco a poco por la inmensidad.
A continuación, se visualiza el cuerpo atravesando paredes y techos sólidos, ascendiendo por el aire y descendiendo de nuevo al suelo. Después, se visualiza la mente elevándose del suelo, subiendo un metro, dos metros por la inmensidad, y descendiendo otra vez.
En el tercer paso, se visualiza la mente levantando todo el cuerpo del suelo, que sube un metro, dos metros, tres metros. Cuando logran realizar esta visualización con fluidez y sin obstáculos, su mente puede movilizar el cuerpo a voluntad y adquieren la capacidad de volar.
Los practicantes también pueden manifestar numerosas capacidades transformadoras. Por ejemplo, los cuatro grandes elementos —tierra, agua, fuego y viento—, que ordinariamente percibimos como sustancias materiales sólidas, en realidad carecen de esencia inherente y son vacíos por naturaleza. Un practicante puede transformar estos elementos con libertad: convertir la tierra sólida en agua, o el agua en tierra, por ejemplo. Esto se conoce como la transformación de los cuatro grandes elementos.
También pueden convertir el oro en tejas y las tejas de nuevo en oro. Incluso los objetos de los seis sentidos pueden transformarse libremente según la intención del practicante. Todas estas capacidades solo se activan en un estado de profunda concentración meditativa, con un cuerpo y una mente suaves y flexibles que despiertan este poder divino.